"A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde"
Séneca
Séneca
La voluntad suprema de decir lo que se nos antoje es un derecho imperecedero. Hablar, decir, gritar, contar, narrar, todo lo que involucra la oralidad, es un derecho inalienable. Cierta vez en un supermercado un par de señoras se metieron delante de mi en la fila de la caja, ellas llevaban un carro casi lleno, yo en cambio, tan sólo un yogurt con un paquete de galletas individuales. Cuando les advertí su error, no me hicieron caso, cuando les pedí que por favor me dejaran pasar, tampoco me hicieron caso, razón por la cual me vi en la obligación de decirles que eran un par de viejas huevonas, acto seguido me cambié de caja sin arrepentimiento alguno, oyendo desde lejos el alegato de las "viejas huevonas" acerca de mi irrespeto y mi supuesta ordinariez. Aún no me arrepiento de aquel acto, es más, lo justifico. Justifico a todo aquel que al sentirse pasado a llevar alegue, grite, chille y patalee. Soy un convencido que parar el carro a alguien por la cosa que sea, es un síntoma inequívoco de sanidad mental. Para quien lee esto debe pensar, que con esta declaración estoy justificando al rey, en el episodio Rey v/s Chavez. Ahora bien y para aclarar, no justifico nada, solo pongo en evidencia que cualquiera tiene el derecho para salirse de sus casillas, lo cual no equivale a salir a abrazar al rey y felicitarlo, ese mismo señor, se calló mientras Franco, mientras Pinochet y varios más de ese calibre, de más está decir que una administración que involucre a un rey entre sus funcionarios, es a lo menos motivo de analisis y reflexión, sino y cuando de franco rechazo a una idea que a todas luces está caducada.
Aclarado el Rey nos queda el otro contendor. Chavez es un presidente que ha gobernado con la mayoría, que ha sido reelecto en varias ocasiones, que ha llevado adelante un proceso revolucionador en Venezuela, país de tradición corrupta, en dónde, a pesar de la holgada riqueza que da el poseer unas de las mayores reservas de crudo del mundo, las diferencias sociales y la pobreza golpean como el más pobre país de la región.
Hemos visto como Chavez a salido airoso de todos los intentos de desestabilización que en su contra se han hecho. Lo hemos visto al frente de "Operación Milagro", lo hemos visto insultar a Bush (¡aquí huele a azufre!), lo hemos visto cantar rancheras, visitar a Fidel en su convalecencia, llegar caminando a Irak cuando estaba prohíbido entrar en espacio aereo. Lo hemos visto triunfar frente a una oposición torpe y sin ideas, lo hemos visto avasallar "democráticamente" a sus adversarios, abrir programas de becas para extranjeros que no tienen la posibilidad de estudiar en sus países -saludos ilich, boris y coni-, lo más importante lo hemos visto rearmar a su país, rescatándolo de la míseria en que la clase política y dirigente lo tenía.
Esto sin duda nos lleva al ejemplo, al saber triunfar en la arena adversaria que es la democracia de corte norteamericano, esa de dos bloques, presidencialista, compacta y pragmática. Se trata de tomar lo que nos dejan y hacerlo nuestro y desde allí cambiar el rumbo hacia los intereses que se defienden, un paso a la vez. La teoría gramsciana de la trinchera, en donde se ganan territorios, se defienden, se establecen y se avanza. Así es un poco lo de Chavez, así es su poder. Así también es como se ha erguido como una figura central de la política latinoamericana y del orbe. Su rostro acapara portadas cada vez que abre la boca en público, es un personaje que, al parecer, en términos diplomáticos incomoda. Conozco gente que ve en este sentido mediático (cercano a lo parafernálico), en esta verborrea de decir lo que se le antoja, la mayor virtud del coronel, habla y a la cara, alguien me dijo. Chavez es un figura mediática, que se vale de los flashes, para situarse como un referente alternativo de poder, de modelo y de país. Esto es para aplaudir, sin duda que en este premortem de Fidel, alguien tiene que llenar ese vacío en esta especie de credo, de fe, que es el ser y sentirse de izquierda. No tiene, ni tendrá, el porte ideológico y de liderazgo que Fidel, pero a diferencia del comandante, Chavez posee un poder infinitamente más autonómo, Venezuela no depende de nadie económicamente. El mito dice que una de las causas del quiebre entre el Ché y Fidel, fue la idea del argentino de industrializar la isla, para no ser un mero peón de la hegemonía rusa. Es justamente esta independencia económica, este poder ilimitado de recursos el que pareciera marear al presidente.
Lo que empezó como una cuasi nueva independencia, está por transformarse en una dictadura más, de esas de gorilas con pistolas. Una serie de errores políticos acompañan a Chavez el último tiempo, al cierre de la televisora y el período en que Chavez gobernó sin consulta al parlamento, se le suma el polémico paquete de 69 reformas a la constitución, dentro de las cuales se libera la prohibición que pesa sobre la reelección inmediata, además de alargar los períodos presidenciales a 7 años. Esto último genera -minímamente- dudas y suspicacias. La idea de eternidad en el poder ronda en la cabeza de todos quienes por una razón u otra, apoyamos el proceso bolivariano. Es una idea que aterra, que no se quiere, ello porque le resta legitimidad a todo un camino llevado por la más estricta legalidad, avalado por una contitución, una asamblea elegida democráticamente y un país que se ha sumado al desarrollo de un socialismo progresivo y progresista. La alarma surge y descansa en el hecho de perpetuar el poder, además de situar al presidente como una cabeza inexpugnable y plenipotenciaria. ¿Qué tipo de construcción popular se hará, si en la teoría, el modelo y la administración recaerá sobre el juicio de un único poder, en este caso además en un poder con nombre y apellido?. ¿Quienes serán los encargados de resguardar los parametros minímos de una democracia?. Parece que esto lo que logra, es afianzar la idea que el proceso socialista o socializante bolivariano se retrasa y se pierde en un drama de ribetes sicoanalíticos, es decir la teoría del eterno retorno al vientre maternal, de volverse a aquello desde donde se proviene. Será que Chavez es un admirador del modelo soviético de administración, será que a Chavez le seduce un imperio como el añejo bloque de Europa oriental, verá en él la continuación de un Hönecker, Ceausescu, Tito, Krushev o algo parecido.
El juicio histórico no dicta que aquel bloque fracasó, que no tuvo las armas para constituirse en una alternativa válida de desarrollo social, económico y político. El razocinio nos dice que volver a constituirse en un poder de ese tipo es errar el rumbo, que hay que aprovecharse de los mismos medios con los que se margina, para construir y constituirse como una propuesta legítima y saludable de poder.
Espero, como todos esperamos, que lo que venga en la República Bolivariana de Venezuela sea el asentamiento definitivo de un poder que se sostenga por sí mismo, capaz de revolucionarse dentro de la revolución, capaz de madurar y de tener la correcta lucidez para entregar las armas necesarias para su construcción plena, autosuficiente, autonóma y consciente.
Aclarado el Rey nos queda el otro contendor. Chavez es un presidente que ha gobernado con la mayoría, que ha sido reelecto en varias ocasiones, que ha llevado adelante un proceso revolucionador en Venezuela, país de tradición corrupta, en dónde, a pesar de la holgada riqueza que da el poseer unas de las mayores reservas de crudo del mundo, las diferencias sociales y la pobreza golpean como el más pobre país de la región.
Hemos visto como Chavez a salido airoso de todos los intentos de desestabilización que en su contra se han hecho. Lo hemos visto al frente de "Operación Milagro", lo hemos visto insultar a Bush (¡aquí huele a azufre!), lo hemos visto cantar rancheras, visitar a Fidel en su convalecencia, llegar caminando a Irak cuando estaba prohíbido entrar en espacio aereo. Lo hemos visto triunfar frente a una oposición torpe y sin ideas, lo hemos visto avasallar "democráticamente" a sus adversarios, abrir programas de becas para extranjeros que no tienen la posibilidad de estudiar en sus países -saludos ilich, boris y coni-, lo más importante lo hemos visto rearmar a su país, rescatándolo de la míseria en que la clase política y dirigente lo tenía.
Esto sin duda nos lleva al ejemplo, al saber triunfar en la arena adversaria que es la democracia de corte norteamericano, esa de dos bloques, presidencialista, compacta y pragmática. Se trata de tomar lo que nos dejan y hacerlo nuestro y desde allí cambiar el rumbo hacia los intereses que se defienden, un paso a la vez. La teoría gramsciana de la trinchera, en donde se ganan territorios, se defienden, se establecen y se avanza. Así es un poco lo de Chavez, así es su poder. Así también es como se ha erguido como una figura central de la política latinoamericana y del orbe. Su rostro acapara portadas cada vez que abre la boca en público, es un personaje que, al parecer, en términos diplomáticos incomoda. Conozco gente que ve en este sentido mediático (cercano a lo parafernálico), en esta verborrea de decir lo que se le antoja, la mayor virtud del coronel, habla y a la cara, alguien me dijo. Chavez es un figura mediática, que se vale de los flashes, para situarse como un referente alternativo de poder, de modelo y de país. Esto es para aplaudir, sin duda que en este premortem de Fidel, alguien tiene que llenar ese vacío en esta especie de credo, de fe, que es el ser y sentirse de izquierda. No tiene, ni tendrá, el porte ideológico y de liderazgo que Fidel, pero a diferencia del comandante, Chavez posee un poder infinitamente más autonómo, Venezuela no depende de nadie económicamente. El mito dice que una de las causas del quiebre entre el Ché y Fidel, fue la idea del argentino de industrializar la isla, para no ser un mero peón de la hegemonía rusa. Es justamente esta independencia económica, este poder ilimitado de recursos el que pareciera marear al presidente.
Lo que empezó como una cuasi nueva independencia, está por transformarse en una dictadura más, de esas de gorilas con pistolas. Una serie de errores políticos acompañan a Chavez el último tiempo, al cierre de la televisora y el período en que Chavez gobernó sin consulta al parlamento, se le suma el polémico paquete de 69 reformas a la constitución, dentro de las cuales se libera la prohibición que pesa sobre la reelección inmediata, además de alargar los períodos presidenciales a 7 años. Esto último genera -minímamente- dudas y suspicacias. La idea de eternidad en el poder ronda en la cabeza de todos quienes por una razón u otra, apoyamos el proceso bolivariano. Es una idea que aterra, que no se quiere, ello porque le resta legitimidad a todo un camino llevado por la más estricta legalidad, avalado por una contitución, una asamblea elegida democráticamente y un país que se ha sumado al desarrollo de un socialismo progresivo y progresista. La alarma surge y descansa en el hecho de perpetuar el poder, además de situar al presidente como una cabeza inexpugnable y plenipotenciaria. ¿Qué tipo de construcción popular se hará, si en la teoría, el modelo y la administración recaerá sobre el juicio de un único poder, en este caso además en un poder con nombre y apellido?. ¿Quienes serán los encargados de resguardar los parametros minímos de una democracia?. Parece que esto lo que logra, es afianzar la idea que el proceso socialista o socializante bolivariano se retrasa y se pierde en un drama de ribetes sicoanalíticos, es decir la teoría del eterno retorno al vientre maternal, de volverse a aquello desde donde se proviene. Será que Chavez es un admirador del modelo soviético de administración, será que a Chavez le seduce un imperio como el añejo bloque de Europa oriental, verá en él la continuación de un Hönecker, Ceausescu, Tito, Krushev o algo parecido.
El juicio histórico no dicta que aquel bloque fracasó, que no tuvo las armas para constituirse en una alternativa válida de desarrollo social, económico y político. El razocinio nos dice que volver a constituirse en un poder de ese tipo es errar el rumbo, que hay que aprovecharse de los mismos medios con los que se margina, para construir y constituirse como una propuesta legítima y saludable de poder.
Espero, como todos esperamos, que lo que venga en la República Bolivariana de Venezuela sea el asentamiento definitivo de un poder que se sostenga por sí mismo, capaz de revolucionarse dentro de la revolución, capaz de madurar y de tener la correcta lucidez para entregar las armas necesarias para su construcción plena, autosuficiente, autonóma y consciente.
